El nombre “Helmut Sander” es el producto de la hibridación de los nombres de dos de mis diseñadores favoritos: Helmut Lang y Jil Sander. Bautizar a mi podcast “Jil Lang” fue una kneejerk reaction, no lo tuve que pensar. Más allá de ciertos problemas cacofónicos y lecturas pedorras de qué significa que el nombre del podcast sea “el negativo” del “mío”, no hay demasiado en lo que ahondar por allí.

Como conversaba con M. Lirio hace algunas noches, hay una abundancia transversal de podcasts en Internet. Los podcasts son herramientas promocionales, espacios de distención comunitario, y ego trips. Son noticieros, documentales y mesas de debate político. No parecería haber espacio o comunidad con acceso a internet que no esté produciendo podcasts.

Existen más de 85 mil podcasts y 300 millones de episodios (Podcast Insights, 2021). En este contexto, en el que producción espontánea, producción calculada y autenticidad manufacturada conviven y dan a luz volúmenes grotescos de contenido, ¿Por qué decidí comenzar un podcast yo también?

Por qué un podcast

Tres factores que inspiraron Jil Lang (y numerosos otros podcasts, estoy seguro):

  • Costos de producción: Los podcasts son más baratos de producir que otros formatos.
  • Autenticidad (genuina o manufacturada): Los podcasts tienden a tener un tono más relajado y personal que otros formatos. Al menos, cierto tipo de podcasts.
  • Versatilidad: Es más fácil jugar con el formato de podcast que con otros formatos. Un invitado o tópico de discusión determinado puede dar origen a una cadencia impredecible. Al menos, en cierto tipo de podcast.

Hacer un podcast puede ser tan rico como hacer radio, sin las implicaciones técnicas o comerciales de hacer radio.

Estos tres factores guiaron mi decisión de hacer un podcast. Pero quizás uno se pregunte por qué producir algo en absoluto. Mi respuesta es, ¿Por qué no? ¡Hay cada boludo haciendo cada boludez!

Por qué uno pequeño

Algo que me interesa remarcar y que es central a Jil Lang como concepto, es que no me interesa que llegue a una gran audiencia. Si bien haré públicos algunos episodios, la enorme mayoría estarán disponibles solamente para los miembros de un canal de Telegram.

La idea es simple: Soy un SJW Snowflake (big 2015 vibes ahí) y quiero montar mi propia cámara de ecos. No, realmente me interesa la idea de hacer algo conversacional, genuino y sin pretenciones, y distribuírselo sólo a gente que ha demostrado explícitamente que lo quiere. Es el principio de los newsletters (y del marketing por email). Quiero hacer algo que sólo vaya a poner frente a aquellos que hayan consentido a recibirlo, a ver qué pasa.

Con estas pretenciones reveladas, les dejo el primer episodio de Jil Lang, en el que tuve el placer y el honor de intercambiar ideas con mi queridísimo Axel Bosso:

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Ya que estamos en tema, aquí dejo una lista de cinco podcasts de altísimo nivel, para quien desee descubrir nuevos productos auditivos: