Ayer, la youtuber Abigail Thorn (PhilosophyTube) salió del closet como una mujer trans, en dos videos increíbles. Uno fue una exploración muy ingeniosamente ejecutada de cómo una persona trans se relaciona con su pasado. El otro, una declaración sobre el momento de opresión y hostilidad que las personas trans están padeciendo en Reino Unido.

Este coming out, marcado por la gracia y el ingenio que caracterizan toda la producción de PhilsophyTube, se siente esperanzador. Por motivos tanto políticos como personales, y diría, básicamente humanos, me alegra ver a gente trans creativa e inteligente teniendo éxito.

Por ejemplo, y volviendo a nuestro tercer mundo, leer la obra de Camila Sosa Villada teniendo presente que ganó el premio Sor Juana Inés de la Cruz se siente como una revancha, se siente como justicia. Quien es, a mi parecer, una de las mayores mujeres de la literatura argentina contemporánea pasó su infancia vendiendo helado en las playas.

Durante su adolescencia y su adultez, fue excluída, fue prostituta (no trabajadora sexual, prostituta con las vulnerabilidades que eso acarrea), y eventualmente se alzó por encima del destino al que había sido condenada y recibió el reconocimiento que merecía. Para ponerlo en las palabras de Maya Angelou, Camila Sosa Villada salió de "las cuevas de la vergüenza de la historia".

Y vale la pena aclararlo: No diría esto si Sosa Villada no fuese una novelista de genio. Lo que le da el buen sabor de boca es eso, que el mérito es absolutamente independiente de la identidad, pero la identidad es innegable.

Ciertos youtubers más marxistas que Marx han intentado macular una ocasión que debería ser celebratoria (una comunidad que está pasando por un momento complicado acaba de ganar una voz poderosa), arguyendo que Abigail Thorn está ganando mucha plata, que es una burguesa y que el hecho de que la prensa feminista haya reportado sobre ella es algo malo.

La situación de las personas trans en Reino Unido no es tan precaria como la situación de las personas trans en Argentina, un país del tercer mundo. Pero Argentina es donde vivo, y en Argentina la expectativa de vida promedio de la población trans es de 35 años.

Alrededor del mundo, no es raro que la gente trans viva en una especie de ghetto de pobreza y precariedad, como los de algunas comunidades aborígenes. Llegar al chalet americano y los domingos en la iglesia, llegar a la clase media opresiva y al comfort estúpido de tener un mísero colchón tercermundista en el banco, cuesta un huevo y medio. Si no te cuesta, tuviste suerte. Y la mera suerte no es una política replicable.

Celebro que a personas trans creativas e inteligentes le vaya bien. Celebro que la gente trans gane autonomía, poder económico y relevancia cultural. No porque eso vaya a solucionarle la vida a todo el mundo inmediatamente. Sino porque es mejor tenerla que no tenerla.

Gente trans con poder político-económico puede pecar de egoísta y miope. Estoy completamente de acuerdo. Pero posibilitar eso es mejor que mantener intactos los mecanismos sistémicos que mantienen a la gente trans en desventaja.

Por supuesto, esto no puede dejar de verse mediante un lente de clase. Si bien existen aquellos para quienes salir del clóset es un espiral descendiente a la pobreza (y no son pocos), por lo general, quienes salen del clóset en una buena posición económica se mantienen en una buena posición económica. Existe una división de clase entre las personas trans ricas y las personas trans pobres, y esto ya se nota en el lenguaje. Una mujer trans en Recoleta es una "chica trans". Una mujer trans en Isidro Casanova es una "travesti".

Pero plantear como éticamente reprochable no sufrir, plantear como éticamente reprochable no perderlo todo, refuerza una retórica patológica y derrotista en la que la función social de una persona trans es sufrir. Una narrativa en la que el único lugar de impacto social real es el del mártir.

Secundo el espíritu del coming out de Abigail y propongo una narrativa del disfrute. Si no, sólo nos queda, o el balde de cangrejos, o el aforismo Kafkiano de que una humanidad por la que se tuvo que luchar  va a ser tan tortuosa como su historia.

Como nota final: Abi Thorn está ganandounos 3500 dólares al mes vía Patreon, según sus detractores estiman. Por definición, no es una burguesa ni una plutócrata. ¿Qué tan por debajo de la línea de pobreza tiene que estar una persona transgénero para satisfacer las fantasías de revolución inminente del Partido Comunista de Youtube? Podes no hacer nada, mientras les des el comfort de que la estás pasando mal.